Como Celebrar El Domingo de la Divina Misericordia

Sed Misericordiosos como su Padre Celestial es Misericordioso, Parte #1

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La parábola del Fariseo y el Publicano

“Dos hombres subieron al Templo para orar; uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así: ‘Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas’. En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!’. Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado.” (San Lucas 18:10-14)

“Por un breve instante te dejé abandonada, pero con gran ternura te uniré conmigo; en un arrebato de indignación, te oculté mi rostro por un instante, pero me compadecí de ti con amor eterno, dice tu redentor, el Señor” (Isaías 54:7-8). . . “Aunque se aparten las montañas y vacilen las colinas, mi amor no se apartará de ti, mi alianza de paz no vacilará, dice el Señor, que se compadeció de ti.” (Isaías 54:10)


La misericordia y el pecado

El Evangelio es la revelación, por Jesucristo, de la misericordia de Dios hacia los pecadores. El ángel anunció a José: “Le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de todos sus pecados”. Lo mismo es verdad de la Eucaristía, el Sacramento de la Redención: “Beban todos de ella, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados.”

San Agustín dice: “Dios nos creó sin nosotros: pero no es su voluntad de salvarnos sin nosotros.” Para recibir Su misericordia debemos admitir nuestras faltas. “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos y purificarnos de toda maldad.” (1 Juan 1:8-9) Nuevo Catequismo #1846-184

Durante la Misa, justo antes de la Elevación Menor, oramos: Aunque somos pecadores, confiamos en Tu misericordia y en Tu amor. No tomes en cuenta lo que en realidad merecemos, pero concédenos Tu perdón, por Cristo nuestro Señor.


Gracias extraordinarias

Nuestro Señor habla:

“Deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en Mi misericordia.” (Diario 687) “Soy el Amor y la Misericordia Misma. Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, la colmo con tal abundancia de gracias que ella no puede contenerlas en sí misma, sino que las irradia sobre otras almas.” (Diario 1074)


¿Qué es un Sacramental?

“Los sacramentales son signos sagrados, por los que, a imitación en cierto modo de los sacramentos, se significan y obtienen por intercesión de la Iglesia unos efectos principalmente espirituales” (Canon 1166). Algunos ejemplos son: agua bendita, escapulario, medallas, y rosarios. Otros son acciones como bendiciones y exorcismos. Son distintos de los siete sacramentos que Cristo instituyó. Mientras la iglesia instituye los sacramentales, también los puede abolir. Las gracias recibidas por los Sacramentales dependen del corazón del individuo y de la intercesión de la iglesia o las oraciones.

Cristo siempre está presente en los sacramentos, no importa nuestra fe o nuestras creencias, pero en los sacramentales experimentamos a Cristo solo por nuestra disposición y por las oraciones de la iglesia, por eso, recuerde que los sacramentales son secundarios. Los sacramentos son los principales.


¿Qué es en Sacramento?

Los Sacramentos son señales externas instituidos por Cristo, que dan la gracia que significan. Los Sacramentos producen Gracia (vida de Dios).


¿Qué es una Devoción?

Preparación y buena voluntad de dedicarse al servicio de Dios, un abandonamiento total a Dios en oración y estar abierto a Su llamado.

A Dios le gustan las oraciones sencillas como las de los niños,- háblele a Dios sencillamente como lo haría un niño. Todos hemos experimentado en nuestras vidas momentos difíciles de rezar y parece que no hay suficientes horas en el día. Los días están llenos de responsabilidades del trabajo y de la familia. Nuestro Señor comprende estos tiempos ocupados de nuestras vidas. Para ayudarnos en nuestra vida de oración, El nos ha enviado, a través de los siglos, a Su Madre, a los Santos, a los Profetas y muchos de Sus amigos celestiales para traernos devociones especiales. Las Devociones se hacen como gasolina para las almas que se están quedando vacías, un combustible para ayudarnos a llegar a nuestro destino final (El Cielo). Las Devociones re-energizan el alma para ayudarle a proseguir su viaje hacia el Cielo. Nuestro Señor nos dio Su iglesia y sus riquezas para ayudarnos. ¿Por qué no usar los sacramentales y las devociones que están disponibles para ayudarle acercarse a Dios, a las santas escrituras, y a los Sacramentos?


Los pecadores primero deben de arrepentirse y estar en comunión con Dios, después las obras de la misericordia y los devocionales se harán parte de la vida.

Debemos poner las cosas en su orden de importancia y lo más importante es la conversión del corazón para confesar los pecados y volverse a Dios. Todos son pecadores. Todos están heridos. Dejemos de juzgar, y oremos por ellos, y guiémoslos a Dios.


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